EMELY.
Habían pasado cinco días desde que Olivar regresó de las montañas, y el ambiente en la mansión se sentía cargado, como si el aire estuviera a punto de estallar antes de una tormenta. Yo no terminaba de entender por qué él se comportaba con tanto misterio, moviéndose por la casa con una determinación que me asustaba y me daba esperanza al mismo tiempo. Sin embargo, confiaba en él. Confiaba en su criterio y en ese amor feroz que lo había hecho cruzar el mundo por nosotros.
Seguía sin quere