OLIVAR.
Para mí, confirmar que Vargo estaba apostando todo a esa fecha exacta era la señal de que íbamos por buen camino. Su arrogancia era su mayor debilidad. Estaba tan seguro de haber torturado la verdad de esa doctora que no se detendría a buscar otra posibilidad.
—Están caminando directo a nuestra propia trampa, Garino —añadí, haciendo la señal definitiva para retirarnos del perímetro—. Vámonos de aquí. Tenemos que llegar a la mansión. Ahora más que nunca, adelantar ese parto es nuestra ju