Elena
Dos hombres lobo entran de inmediato, cuadrándose ante él.
—Llévensela a los calabozos subterráneos. Pasará la noche allí, a oscuras y sin probar una sola gota de agua. Mañana decidiré si la devuelvo a la cocina o si su destino es el patio de ejecución.
El miedo se agarra a mis costillas y siento la suplica subir hasta mis labios pero la trago. No voy a rogarle, no pienso suplicar, aunque sienta que el corazón se me quiere salir del pánico.
Los guardias me agarran bruscamente de los brazo