8- No te mueras...
Elena
—No lo hagas —la voz vuelve a resonar, esta vez más cerca, casi como un susurro en mi oído—. Tienes que resistir. Tu destino está marcado aquí. Tienes que vivir.
Sigo sosteniendo con fuerza la lasca, puedo sentir como mi propia sangre me escurre por los dedos, pero no la suelto.
Y la voz… esa tonta voz me tiene harta.
—¡Cállate! —grito desesperada, derramando lágrimas de rabia y dolor—. ¡¿Quién eres?! ¡Déjame en paz!
—Debes resistir —repite la voz con una serenidad que me desquicia—. Tu v