Elena
—¿Quién está ahí? —pregunta con una voz dulce, pero impregnada de una desconfianza inmediata—. Sé que hay alguien. No intentes esconderte.
Me quedo helada en el umbral, con el corazón martilleándome el pecho y la bandeja temblándome en las manos.
La última nota del piano sigue flotando en el aire como un cristal a punto de romperse. La chica no se mueve, pero noto cómo inclina levemente la cabeza hacia atrás. Eleva la barbilla y expande las fosas nasales, olfateando el aire con una delica