En la cárcel era el horario de visitas. Charles caminaba hacia donde tendría su reunión.
—Mi estimado Robert, ¿has conseguido la fidelidad de nuestra querida Maria? —preguntó.
—Siempre consigo fidelidad —respondió él.
—¿Cuál es la idea? —preguntó Maria.
—Por lo pronto, descansar. Seguramente, cuando haya una fuga, mi estimado cuñado cerrará todas las puertas. Es esa clase de perro que no suelta la presa fácilmente.
—Van a casarse él y la americana… aquí nuestra Maria casi muere por entregar un regalo —dijo Robert.
—Espero, Maria, que hayas comprendido. Dejaremos que todo siga su curso. El jueves habrá un baile, así que el fin de semana los veré. Deposita el dinero para mi pobre amigo —dijo Charles.
—Así lo haré, señor. Lo veremos el fin de semana —respondió Robert.
En la villa se preparaba una gran comida. Teresa se ocupaba junto a Hipólita de semejante acontecimiento.
Dakota llamó para encargar flores; su griego era perfecto.
—Me encanta escucharte hablar en mi idioma. Pron