Luego del baño, Penélope se vistió y ambos emprendieron el viaje a caballo. Al pasar frente al viejo granero, Penélope pidió que se detuvieran. Bajó del caballo y caminó hacia el granero, ese lugar donde tantas veces se habían profesado amor. Hoy regresaban una vez más.
—¿Crees que esta vez sí seremos felices? —preguntó ella.
Él se acercó y la rodeó con sus brazos.
—No puedo prometerte eso… pero sí te prometo que no dejaré que nadie nos vuelva a separar, y que siempre contarás conmigo, aun en los días más oscuros.
Ella se dio vuelta y lo besó.
Reemprendieron el viaje y, veinte minutos después, Penélope ingresaba al predio tomada de la mano de su gran amor.
En la Villa Ravelli
Todos se encontraban desayunando; ese día regresaría Helena.
—Me dijo que se quedarían aquí mientras terminan de decorar la casa —comentó Stavros muy contento.
—Lo importante es que estará aquí cerca, en casa —respondió Dakota palmeando su mano.
—Lo sé, hija. Si fuese por mí, los tendría a todos aquí. E