Alekos se despertó, Dakota aún dormía. Se sentía tan afortunado: estaba vivo, estaba con la mujer que amaba, sería padre nuevamente y esta vez estaría ahí. Sus perspectivas habían cambiado de la noche a la mañana; todo podía irse al infierno, pero lo único y más importante ahora sería su familia.
Todos se encontraban en el comedor desayunando. Stavros tomó el periódico.
Había una foto de Alekos junto a un reconocido mafioso ruso. ¿Se trató de un ajuste de cuentas? El titular rezaba: Patrimonio de la familia Ravelli construido a base de sufrimiento.
Stavros se sintió repugnado. Él había construido la mayor parte de lo que hoy era la fortuna de los Ravelli; muy poco fue heredado de su padre. ¿Cómo podían poner en duda la legitimidad de su esfuerzo?
Alekos se levantó, se dio una ducha y, cuando salió de la habitación, Dakota ya estaba despierta.
—Pediré que te traigan el desayuno a la cama —le dijo Alekos.
—No hace falta, bajaré a desayunar —respondió Dakota.
—Deberías descansar u