Dakota dormía sobre el pecho de Alekos, sintiendo un aroma familiar, esos olores que dan paz. Alekos se despertó y sonrió; despertaría por el resto de su vida y lo primero que vería sería esa cara, esos labios.
Se quedó observándola dormir, llamó a la cocina, pidió el desayuno y unas flores. Si su futura esposa merecía unas flores… En cuanto llegaron las flores y el desayuno, decidió despertarla.
Dakota abrió los ojos y lo primero que vio fue la sonrisa de Alekos.
—Buenos días —dijo Dakota—. ¿Qué haces aquí?
—Dormí acá, supuse que no estaría mal considerando que nos vamos a casar.
—Es demasiado temprano para pelear —respondió Dakota.
—Tenemos que hablar, hay que tomar decisiones.
—Para eso necesito un buen desayuno —dijo Dakota.
—Lo tienes —le respondió Alekos.
Dakota se levantó con cuidado; después de unos minutos salió del baño peinada.
—Muy bien, ¿de qué quieres hablar? —le preguntó Dakota.
—Ven, siéntate, tu desayuno se enfría —Alekos le corrió la silla. Ella vio las fl