capitulo 31

En la villa Ravelli todos esperaban la llegada de Alekos, deseando que llegara pronto con Dakota.

El teléfono sonó y todos miraron a Helena, que había contestado.

—Qué bueno, querida, te veremos en un rato —comentó Helena.—Era Penélope, el avión aterrizó hace unos minutos —informó

Alekos iba en el auto con Xandro, escoltados por un equipo de seguridad. Un grupo se había quedado revisando la casa de Christopher Anastas: papeles, fotos, libros… revisarían todo esperando encontrar algo que los guiara hasta el escondite.

—¿Por qué te odia tanto Anastas? —preguntó Xandro, con la intuición de que no era por negocios.

—Ese imbécil tuvo la osadía de fijarse en mi hermana.

—¿En Helena? —No le sorprendía; Helena era hermosa, pero superficial, solo pensaba en bailes y zapatos.

—En Penélope. Como si fuera a permitir que un hombre de su calaña fuera parte de mi familia.

Xandro escuchaba atento. No sabía mucho de Penélope; no era habitual verla. Los medios la llamaban “la princesa de hielo
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