El amanecer llegó lentamente al bosque del norte.
Una tenue luz gris se filtraba a través de la espesa vegetación, suavizando las sombras pero sin perder su vigilancia. El caos de la noche se había desvanecido en una extraña calma, pero el bosque aún se sentía… consciente.
Lyra se apoyó contra la áspera corteza de un árbol, su pecho subía y bajaba mientras intentaba regular su respiración.
No se había dado cuenta de la distancia que habían corrido hasta que finalmente sus piernas le fallaron.
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