El bosque estaba en silencio.
No era el tipo de silencio apacible que llegaba con el amanecer o la nevada, sino algo más pesado. Observando. Esperando.
Lyra estaba de pie al borde del acantilado, su pecho subía y bajaba con respiraciones entrecortadas, sus dedos temblaban a sus costados. El viento aullaba a su alrededor, frío y cortante, tirando de su ropa desgarrada, pero apenas lo sentía.
Lo único que podía ver era el espacio vacío frente a ella.
El lugar donde Ronan había caído.
“No…” su voz