El padre se quedó en silencio un momento para luego mover la cabeza negativamente y suspirar entristecido.
—No sabría decirle, hermana Inés, recuerde que he venido directamente sin pasar por mi parroquia — respondió. —Bueno, siguiendo con mi relato, les decía que me encontraba con mis monaguillos y los dos hombres que envié aquí, que no quisieron separarse un instante, porque según ellos, le habían dado su palabra de que cuidarían de mí.
—Así fue padre, les hice prometerme eso —le aseguro y