98. DESPERTAR
Dolores se me quedó observando, como si no pudiera creer que yo no supiera el peligro en que me había encontrado. Si lo sabía, solo que no quería preocuparlos más de lo que estaban, podía ver su expresión de miedo en su rostro. No dijo más, solo respondió a las preguntas que le hacía.
—¿Cuándo llegó el padre Bartolomé?
—Llegó en medio de la lluvia, justo antes de la medianoche, con un enorme crucifijo en su mano.
—¿En serio? ¿Y cómo supo lo que me estaba pasando?
—Llegó diciendo, que estaba en