Después de todo lo ocurrido la noche anterior, cualquiera habría esperado que la casa amaneciera envuelta en rumores. Sin embargo, los Echeverría eran expertos en esconder aquello que amenazaba con romper la imagen perfecta que tanto se esforzaban por mantener.
Juliana llegó como cualquier otro día.
No llevaba una expresión diferente, ni caminaba con inseguridad, ni parecía una persona que estuviera entrando a un lugar donde sabía que había una tormenta esperando por ella. Había pasado una noche