El apartamento todavía tenía cajas sin abrir, algunas cosas fuera de lugar y muebles que aún parecían demasiado nuevos para sentirse completamente suyos, pero por primera vez en mucho tiempo Juliana no veía desprecio. Veía un hogar.
Desde el balcón, con una taza de chocolate caliente entre las manos, observaba a Amanda acomodar algunas de sus cosas mientras hablaba emocionada sobre cómo iba a decorar su habitación, qué fotos quería colocar en la pared y qué amigas quería invitar algún día.
Juli