Juliana caminó por el pasillo con la bandeja entre las manos, manteniendo la mirada fija en lo que tenía delante. Desde afuera, cualquiera habría pensado que estaba tranquila. Su expresión permanecía serena, sus pasos eran firmes y no había una sola señal evidente de lo que acababa de ocurrir. Pero por dentro era completamente diferente.
Las palabras de Jimena seguían repitiéndose en su cabeza.
No porque fueran una sorpresa.
En realidad, quizás eso era lo que más le dolía.
Porque, en el fondo,