El altar aún palpitaba con luz azul cuando Maelis dio un paso dentro del círculo. El santuario no la detuvo.
—No tienes derecho a esa llama, Elena —escupió, sus ojos encendidos—. Esa magia… ese poder… me pertenece.
—No —respondió Elena con firmeza—. No es posesión. Es herencia.
La esfera oscura que flotaba junto a Maelis comenzó a vibrar, alimentada por su ira. Las brujas que la acompañaban se mantuvieron al margen, expectantes.
Darek se interpuso, la mirada fija en Maelis.
—No hagas esto