El viento recorría el santuario con un murmullo antiguo, como si la tierra misma respirara la ausencia de Maelis. Las llamas azules que aún danzaban en el altar proyectaban sombras alargadas sobre las piedras gastadas, mientras las primeras figuras emergían de la niebla.
Una a una, las brujas supervivientes llegaron, envueltas en capas de tela gastada, sus ojos reflejando la mezcla de temor y esperanza que pesaba en el aire. Algunas caminaban con paso firme, otras con el cansancio de años de oc