El amanecer apenas rozaba el horizonte cuando partieron. La niebla se aferraba al suelo como un manto, ocultando huellas y pensamientos. Nadie hablaba demasiado; el bosque parecía escuchar.
Darek caminaba al frente, el libro protegido en su mochila de cuero. A su lado, Elena no dejaba de mirar hacia los árboles, como si esperara que algo —o alguien— emergiera de entre las sombras. Amadeo cerraba la formación, atento a cada crujido. Lucía iba en medio, con los ojos encendidos por una preocup