El campamento estaba tranquilo, la noche cayendo lentamente sobre el mundo, cubriéndolo con su manto de estrellas. Todos habían comenzado a retirarse a sus respectivos refugios, buscando descansar antes de la siguiente jornada de guerra.
Lucía, sin embargo, no podía dormir. Caminaba en silencio entre los árboles, buscando un respiro. Al encontrar a Elena, sentada junto al fuego apagado, su rostro iluminado solo por la luna, se acercó sin hacer ruido.
—¿No tienes sueño? —preguntó Lucía, sentándo