Elena despertó de golpe.
La cuna estaba vacía.
Tardó un segundo en recordar que Eidan dormía a su lado. Su mano se movió de forma instintiva hacia él. Estaba allí. Tibio, envuelto en un paño azul, respirando lento.
Pero algo no estaba bien.
El aire había cambiado.
La magia…
La magia vibraba como un eco que no era suyo.
Se levantó en silencio, sin despertarlo, y caminó hacia el ventanal. Afuera, la noche estaba quieta, demasiado. Ni una hoja se movía. Ni un murmullo. Solo esa energía densa que l