Lucía se levantó sobresaltada. No dormía del todo, pero algo la había sacudido como una punzada directa en el pecho.
Corrió hacia la puerta y la abrió de golpe.
—¿Darek?
Solo la brisa respondió.
Ailén apareció detrás de ella, con el rostro tenso.
—Lo sentiste también —dijo, sin preguntar.
Lucía asintió.
—Algo… se rompió.
Ailén caminó hasta el círculo de lectura. El libro seguía cerrado, pero ahora había grietas muy finas sobre su tapa, como si estuviera empezando a quebrarse desde dentro.
—No d