Mundo ficciónIniciar sesiónAgatha sabía lo que había causado; solo esperaba que sus nietas lo entendieran.
—Puede parecer una locura lo admito —comentó Agatha mirando por el ancho ventanal—. Deseo ver si son capaces de hacer lo que se les pide.
Pandora la escuchaba atentamente.
—Las chicas han crecido; observo que cada una tiene su estilo, uno más fastuoso que el otro.
“Por ejemplo, Eliza es deslumbrante; sé que lo va a conseguir de forma rápida.
—¿Y Camila?
—Ella es más retraída, dada a lo creativo, su ánimo es más pausado.
—Lo sé, espero que alguna despabile y alcance a ver la importancia de todo esto.
Agatha sonrió y continuó viendo el paisaje.
**
Camila estaba en una parte del parque dibujando, cada día su pintura iba mejorando.
Estaba concentrada en poner los pequeños detalles que le dieran a su pintura ese toque especial, cuando…
—Vaya, es lo más hermoso que he visto.
Saltó en su puesto y vio a un joven bien puesto alto, de cabello negro y ojos grises, muy atractivo.
—Es lo más bonito que he visto en mucho tiempo.
Se acercó a analizar el trabajo.
—¿Eres profesional?
Camila se sentía intimidada.
—No…
—Si eres una principiante tienes un hermoso talento.
Cogió aplomo para decirle.
—Me gusta pintar, me relaja.
—Sí, hace tiempo que no doy unos brochazos.
—¿Pintas?
Él sonrió y le comentó.
—Poco, es decir, tomé varios cursos, nada relevantes, lo hacía como terapia.
Ella sonrió con timidez porque ella lo hacía también como una forma de salir de lo monótono.
—Me llamo Gabriel, sí como el ángel y no, no anuncio nada bueno.
Ella soltó una risa y él también rio ante lo que decía.
—No me gusta mi nombre y si pudiera me pondría otro, tal vez… Max, Donald y no un simple Gabriel.
—Me gusta —recogió las pinturas—, es bonito.
—Sí, bueno eso amerita un café.
Ella negó con la cabeza y le respondió.
—No te conozco.
—Ah, es por eso, bien soy un crítico de arte, me llamo Gabriel, mi apellido no importa, porque no interesa.
Eso le dio una buena idea a Camila.
—Es cierto, los apellidos siempre están de más.
—Conocí a un sujeto que se apellidaba Hebillas, don Hebillas, ya te imaginarás la joda que le hacían los más jóvenes.
Ella sonrió, tenía una personalidad arrolladora.
—¿En serio se apellidaba así?
—Sí, Juan Hebillas.
Le indicó que caminaran a un café de la zona.
—Me llamo Camila.
—Es un lindo nombre.
Tomaban dos cafés y ella le comentó.
—Pintar me relaja y lo suelo hacer cuando puedo.
—¿Cuántos años tienes?
—17 años.
Era una moza, una cría deliciosa cría, por cierto, bella de un cabello casi dorado y unos senos pequeños y discretos.
—Eres una bebé.
Camila se sonrojó y le preguntó.
—¿Qué edad tienes?
—21, puedo ser tu hermano mayor.
—Pero no lo eres.
Tenía manos delicadas, era una ricura que lo iba a meter en problemas.
—¿Tienes novio?
—No, me preparo para ir a la universidad.
—Claro, yo quiero salir corriendo de ella.
La hizo sonreír de nuevo.
—Pero es bueno que tengas metas, eso me gusta, ¿estudiarás arte?
—Sí, aunque me tienta mucho el diseño.
—¿De modas? —la vio asentir—. Bueno a esa edad se sueña mucho, se cree que uno es capaz de cualquier cosa…
No entendió sus palabras.
—¿No te gusta lo que haces?
—No mucho.
—Deberías hacer lo que desees.
—Si lo hiciera saldrías corriendo de mi lado.
Camila se sonrojó y él se rio de lo que decía.
—Mañana espero ver esa pintura terminada —se levantó.
¿Era una cita? Lo vio irse y se quedó elevada, contemplando su figura perderse entre la multitud.
**
Eliza se probaba un vestido de color azul, muy elegante y especial, su madre revisaba su equipaje y veía que tenía más ropa de fiesta que de trabajo.
—¿Piensas andar de vaga?
—Mamá, voy a la universidad debo estar a la altura de lo que seré.
—¿Y serás una…?
—Persona feliz, lo hago solo por la abuela, necesito puntos extra con ella y voy de lleno al asunto.
Pandora no entendió y su hija le aclaró.
—La fortuna Whitmore.
—Hija, sobre eso…
—Seré rica y brillaré en sociedad.
Pandora dijo preocupada.
—Un hijo es una gran responsabilidad.
—Mamá para eso se contrata niñeras, institutrices —Se miró la figura en el espejo, era una joya de muchacha. Me molesta la idea de subir de peso, pero estaré bien, hay cirugías, hay tantas cosas.
—Las cosas no siempre se solucionan así.
—Bueno, mamá, soy la más opcionada para lograrlo, tengo vida social y pretendientes no me han faltado…
—Pero con ninguno te acuestas, ¿verdad?
—Estoy esperando algo especial; además, el gran premio lo conseguiré cuando tenga 20 años.
—¿Y tu hermana?
—Por favor, esa solapada, le ha dado por ser artista, mamá, ¿por qué no usaste condón?
A veces Eliza podía ser muy hiriente y le respondió.
—Camila parece que no piensa en nada.
—Por eso, no valora nada, yo sí lo valoro, verás que haré brillar el apellido Whitmore.
Cerró su maleta y al bajar se topó con su hermana llegando con su maletín de pintora.
—Vaya, hasta que por fin será el último día que veré tu cara.
—¿Ya te vas?
—Claro que sí, estoy harta de todo, pienso divertirme mucho.
—¿No vas a estudiar?
—Te falta algo… Ya sé, un poco de chispa.
—Pronto te seguiré.
—No lo creo.
Se fue campante a vivir su vida de estudiante fiestera, si es que se podía hacer una carrera de aquello.
**
Esa tarde seguía dándole a su pintura el toque deseado cuando escuchó.
—Cada vez cobra más vida.
—Gabriel.
—Sí, cuánta emoción —sonrió.
Ella hizo igual y él comentó mostrándole su lienzo y pinturas.
—Hace siglos que no lo hago y deseo tanto poder llegar a tu nivel.
Camila sonrió y pasaron la tarde pintando y charlando de cosas simples.
Cuando terminaron fueron a tomar un café en el sitio de siempre. Camila lo vio como un lugar especial, un sitio sagrado para ella.
—Le dije a mis papás que deseaba viajar por el mundo, me llamaron vago.
—Es hermosa esa idea.
—Si pudiera irme te llevaría conmigo.
Camila emocionada preguntó.
—¿En serio?
—Sí, sería toda una aventura.
—Sería lindo.
—¿Tienes amigos, Camila?
—No… Mi hermana era la socilité de la familia.
—¿Qué te parece si navegamos?
Ella asintió y ese verano fue el más movido de todos para Camila, con la compañía de Gabriel solía ver el mundo de otra forma.
—Pronto tendré que ir a la universidad de vuelta, es como una prisión llena de monos.
Ella rio con sus ocurrencias.
—Pronto iré yo.
—Entonces valdrá la pena la tortura.
Le dio su primer beso y ella se estremeció toda.
—Te espero con los brazos abiertos para vivir nuestro amor.
Ella asintió y volvió a casa a planear su nueva etapa; pronto, a días de cumplir 18, podría vivir algo memorable.
**
Eliza estaba recostada en la cama mirando al techo, era el cuarto chico con el que estaba y no pasaba nada.
—¿Qué esperas que suceda?
Le preguntó Lucy, su compañera de habitación.
—Quiero embarazarme.
—¿De uno de ellos?
—De cualquiera —encendió un cigarrillo—. Si lo logro seré rica.
—Suena un buen plan.
—Quiero vivir de la fortuna de mi familia, lucir las hermosas joyas de mi abuela.
Recordar los distintos pendientes de piedras costosas y los collares.
—Bien por ti, pero debes hacer algo o perderás el curso.
—Lo sé, pero no me embarazo.
—Tal vez, los penes que te meten no son lo suficientemente grandes. Conozco a un amigo con la verga larga.
—Preséntamelo.
—¿Estás segura? ¿No te da miedo que te vean como una golfa?
Ella se encogió de hombros.
—Cuando tenga dinero cerraré todas las bocas del mundo.
Se volvió a recostar, necesitaba un hijo y lo iba a lograr de una forma u otra.
Ese fin de semana conoció al tipo, era alto, fornido y algo estúpido. Pero atractivo y si quedaba embarazada de él podría tener un hijo bonito.
—Esta es mi amiga, Eliza.
—Belleza.
La acarició y su compañera salió espantada.
—¿Qué quieres que te haga?
La acariciaba en el escote.
—Estoy listo para lo que desees, eres linda.
—Quiero el paquete completo.
—Eso puedo dártelo.
La alzó en peso y la llevó a la cama en donde la tiró como una muñeca. Se quitó la camisa y ella esperaba ansiosa el momento hasta que se abrió los pantalones y sacó un rifle tan largo que la estremeció.
—Le llamo el Destapador.
Se cogía su cosa con deleite.
—¿Quieres tocarlo?
Estaba asustada, pero todo lo hacía por su bien económico. Pronto estaba cabalgando sentada en ese monstruo, sentía que le llegaba profundo, gemía de placer y dolor.
—Muévete reina. Mueve tu culo.
Le apretaba sus pechos con sus grandes manos y ella gemía y se quejaba, sudaba sintiendo que sus senos eran exprimidos por el mastodonte. Cuando se corrió dentro de ella sintió una oleada de satisfacción, comenzó a reír y a arquearse satisfecha, pensando que había sido embarazada.







