Mundo ficciónIniciar sesiónEra un nuevo mundo para ella que veía todo con otros ojos, mucha gente la rodeaba y no tenía idea de nada.
Iba a estudiar Arte y Diseño si podía, tenía sus materias y además le había escrito a Gabriel para que se encontraran, no lo deseaba presionar, pero ansiaba verlo, tenía 18 años.
No supo de él hasta un mes después que lo encontró parado a la salida de su curso.
—¡Gabriel!
Saltó emocionada a sus brazos al verlo.
—Preciosa, estás divina —la admiró.
Seguía con ese modo reservado que tanto le gustaba y le inquietaba.
—¿Qué tal el mundo?
—Interesante.
Salieron tomados de la mano y él le comentó.
—Te extrañé, extrañé pintar juntos y charlar de tonterías.
—Contaba los días para verte —se sonrojó—. Soñé con este momento.
La llevó a una fonda ruidosa, ella quería más privacidad.
—Quiero darte algo.
Sacó una cajita y se la dio.
—Lo compré para ti.
Era una cadena muy bonita de corazón.
—¡Es hermosa!
—¿Podemos celebrar tu cumpleaños?
—Sí, claro, me gustaría.
Estaba cautivada por todo lo que estaba viviendo.
—Hay una exposición en la plaza y podemos ir a un recital que preparan los estudiantes.
—Suena fabuloso, pero debo estudiar.
—¿Es en serio?Ella lo miró sorprendida y él añadió.
—Cariño, aquí eres libre del qué dirán, somos nuestros dioses.
No comprendió sus palabras y la tomó de la mano.
—Hay momentos especiales que debemos vivir.
—Quiero sacar mi carrera.
—Lo sé, mira —miró a todos lados—. Hay gente que paga por hacer nuestras tareas, puedes aplicar.
No conocía esa faceta de Gabriel.
—Pero eso es ilegal.
—Claro que no, vamos hay tanto que ver.
Seguirle el ritmo de vida a Gabriel era bastante ajetreado, no esperaba verlo tan desobligado.
**
Tenía la prueba en sus manos y se quedó impactada.
—¿Y bien? —preguntó Lucy.
—Salió negativo.
—Tanto sexo y nada, eso me preocupa.
—¿Debo preocuparme?
—Claro, mujer.
—¿Crees que tenga un problema?
—Es mejor descartar todo aquello, te recomiendo ir con un doctor y que te analicen.
No podía ir con cualquier doctor, salió junto a su amiga y en el camino vio a su hermana junto a un apuesto chico, jaló a Lucy a un lado y le indicó.
—¡Es mi hermana!
—¿Y qué tiene?
—No quiero que me vea, ya está en la universidad y está con alguien.
Lucy vio de reojo y comentó.
—Ese pavo está bueno.
—¿Quién es ese tipo? Está divino.
—No sé, pero puedo averiguarlo.
Se pusieron de acuerdo y Lucy se acercó a ellos que miraban unas obras.
—Pintan bien, pero no mejor que tú.
Camila miraba algunas pinturas y de repente.
—Hola, Luke, es bueno verte.
Gabriel la miró y añadió.
—No me llamo Luke y no te conozco.
Ella se hizo la tonta.
—Dios mío, te pareces a Luke, él es un amigo de donde yo vengo y no lo he visto en años.
—Mi nombre es Gabriel Hilton.
—¿Eres estudiante de medicina?
—Por Dios que no, odio la sangre, soy estudiante de leyes.
—Disculpa, pero te pareces tanto.
Se apartó con la información y se acercó al árbol en el que su amiga se escondía.
—¿Y bien?
—Se llama Leonardo Crayford y estudia leyes.
—Está divino.
—Parece enamorado de tu hermana.
—Tengo que impedir que ella se embarace.
—¿Y qué puedes hacer si estás seca?
—No lo sé, por lo pronto me daré una vuelta por Leyes a ver qué tal es mi cuñado.
Sonrió con malicia.
**
Camila llegó a su habitación bastante cansada, no esperó ese tren con Gabriel, lo sentía distinto a cómo era él en el pueblo.
Decidió marcarle a su hermana para hablar con ella, sonó y sonó, hasta que…
—¿Qué quieres?
—Saber de ti, estoy en la universidad…
—Qué bueno, tengo que estudiar.
—Quería saber si podemos tomarnos un jugo juntas.
—Claro que no, no estamos en la casa o en el pueblo, acá es distinto.
—Pero somos hermanas.
Lucy le dijo que lo hiciera y ella de mala gana accedió a verla.
Frente a frente en un bar. Camila veía a su hermana muy distinta, más trajinada.
—Bien, aquí estoy.
—Quería verte, llamaste poco cuando te fuiste.
—Es por todo lo que tengo que hacer.
—Estoy estudiando arte y diseño.
—Qué bien…
—Tengo novio.
Eso le interesó.
—¡Tienes novio!
—Sí, estudia leyes y es guapo.
—Vaya, tienes suerte.
—Quería contarte que es serio.
—¿Serio? —casi se le ríe en la cara—. Bien, la nena está creciendo.
—Lo conocí hace tiempo, en el pueblo, nos hicimos amigos.
—Vaya, ¡cuántos secretos tienes!
—No son secretos, éramos amigos y ahora somos novios.
—¿Has intimado con él?
Camila negó con la cabeza y le respondió.
—Es muy pronto para eso.
—Bien, te felicito. Debo irme, tengo cosas que hacer.
—¿Puedo verte en algún momento?
—Tal vez.
No había intimado todavía y eso le daba ventaja, pero, ¿por cuánto tiempo? Enfiló hacia el área de leyes y cuando lo vio se acomodó la ropa, se desabrochó un botón más de su blusa y se acercó a él.
—Hola.
Gabriel vio a la bella joven de hermoso rostro y algo familiar.
—Hola.
—¿Estás listo para una fiesta?
—Bueno… Siempre.
—Me llamo Eliza y me siento sola, quiero ir a una fiesta loca y pasarla bien, te vi y me dije: «Está divino.
Gabriel sonrió pícaro y le devolvió.
—Tú también.
—¿Me acompañas?
—Claro.
—Me cambio y me recoges en psicología.
—Claro.
Todo tan natural que no se imaginó en lo que iba a caer.
**
Camila en vano lo llamó, no le respondió, como tenía exámenes se concentró en los mismos y dejó un poco el tema amoroso.
En las vacaciones iría con Gabriel a hablar con su familia, tal vez a la abuela le cayese bien y diera el visto bueno para su unión.
**
Gabriel estaba con una chica muy avispada y muy guapa.
—Te me haces familiar.
—Tal vez me viste en tus sueños.
Él rio con ganas y le dijo a la bella joven.
—Tengo muchos sueños con mujeres, pero tú eres especial.
—¿Tienes novia?
—No —respondió.
—Me enloquecen los hombres solteros —Lo besó.
Eliza le tomó varias fotos, besándose con él, juntos en distintos lugares, tenía armado su plan.
Gabriel pensó que estaba en las nubes, pues una chica hermosa y elegante le estaba coqueteando.
—¿Quieres ir a un sitio privado?
—Siempre.
Ella lo llevó a su departamento y allí en su cama se acostó con él.
—Te voy a hacer olvidar a cualquier chica con la que hayas estado.
A partir de ese momento quedó profundamente cautivado.
**
Al fin estaba libre de los exámenes y pudo visitar a su novio que la esperaba afuera y sonrió al verla.
—Gabriel, te he extrañado.
—Yo también, preciosa.
—¿Vas a ir al pueblo?
—No…
—Yo pensaba en visitar a mis padres y ver a mi abuela.
—Linda, pensé que podíamos divertirnos, tengo tantas cosas que mostrarte.
—Quisiera presentarte a mis padres, que vean lo guapo y bello que eres y sepan de nuestro amor.
—Cariño… Es muy pronto, tengo que quedarme porque no me fue bien en unas materias y voy a recuperar.
—Quería pasar tiempo contigo.
—Lo sé y yo también.
—Mi familia es importante para mí.
—Lo sé, entonces anda los ves y te devuelves, así aprovechamos algo de nuestro tiempo.
Ella sonrió emocionada.
—Claro que sí —le dio un beso efusivo—. Te amo, nunca olvides eso.
—Tú tampoco olvides que tienes a un hombre enamorado esperándote.
Él sonrió y la vio partir.
**
Apenas llegaron las vacaciones enfiló a su pueblo. No deseaba hacerlo, pero debía sacarse la espina que tenía en cuanto a su fertilidad y al llegar fue directo donde Jake Collins, médico de la familia, el cual al verla llegar se levantó ceremonioso.
—Diosa mía, ¿qué desea la reina?
Eliza se acomodó el cabello y le respondió.
—Quiero un chequeo completo, principalmente en mi vientre, deseo embarazarme y no he podido.
—¿Deseas tener un hijo?
—Sí, claro que sí.
—Pero… ¿Eso no es muy pronto?
—Tengo motivos, quiero que se efectúen los estudios y exijo total confidencialidad con el tema, nadie debe saber lo que estoy haciendo.
—Claro, sabes que puedes confiar en mí, ¿puedo saber la razón de esta decisión?
Ella le anunció con todas sus letras.
—Dinero, todo es por dinero, la herencia de los Whitmore.
Eso era demasiado grueso.
—Así que un heredero te aseguraría toda la fortuna.
—Así es.
—Bien, pongámonos manos a la obra.
Esa semana se hizo todo tipo de estudios y a la semana siguiente le dieron los resultados.
Jake miraba cada hoja con suma atención que desesperó a Eliza.
—Dime, quiero saber lo que dicen los estudios.
Jake sintió pena por ella, estaba seca en su vientre, era muy raro, pero no podría engendrar nunca.
—Lo siento, pero no puedes tener hijos.
Esa fue una cachetada directa a su bello rostro.
—¿Qué me dices?
—Hicimos estudios, repetí las pruebas, pero no… Lo siento.
Sus ambiciones cayeron por los suelos.







