—¿Qué m****a quieres, Jabari?
Tabar no había aguantado estar mucho más en el banquete. Poco después de la partida de Zarah, él también se había retirado. Cuando se dirigía hacia sus aposentos la cobardía lo consumió y terminó por encerrarse en su oficina. Perdió la noción del tiempo. No sabía por cuanto había estado haciendo girar el vaso de licor entre sus dedos cuando su guerrero entró en la oficina sin siquiera tocar la puerta.
—¿Estás tomando coraje para obligar a tu esposa a tener sexo c