El Mago siguió con los ojos la figura furiosa de Munira hasta que la puerta se cerró a sus espaldas. Era una curiosidad particular la que la joven descendiente del clan de los zorros despertaba en Zhadli y bien sabía él que no debía dejarse llevar por ese instinto curioso que corría en su sangre de Lamia.
—”No era el lago…” —Zhadli repitió las palabras con la vista aún fija en la puerta. Sólo entonces Zarah y Tabar reaccionaron de la sorpresa que la repentina partida de Munira les había produc