Tabar se hartó de esperar. No tardó mucho en darse cuenta de que Zarah estaba ignorándolo deliberadamente. No lograba oír de que hablaba con Said y Parvaiz. Le molestaba verla reír con sus hombres mientras que a él no hacía más que mirarlo con desprecio. Vació otra copa de un solo trago, conteniendo la ira antes de hablar casi a los gritos.
—Mi Señora, veo que se está divirtiendo.
Notó la incomodidad en el rostro de su esposa pero no se inmutó. El silencio que había causado al alzar de más