Zarah entró en sus aposentos consumida por la ira que las palabras de Tabar le habían generado. Mas una vez que cruzó el umbral su cuerpo solo se deshizo en lágrimas y frustración. Cayó de rodillas al suelo cuando Deka cerró la puerta detrás de ella. Las sirvientas cruzaron miradas preocupadas pero no dijeron ni una palabra. Aunque quisieran no podían oponerse a los deseos del Señor de los Dragones.
Deka se movió con sigilo en busca de los atuendos de noche para su Señora mientras Munira la ay