Luego de que Dmitriy saliera de la habitación, Irina se sentó en el borde de la cama, recostó su cabeza sobre las piernas y dejó fluir el llanto.
Una vez más la puerta se abrió, con la mano limpió las lágrimas llevando la mirada directo a la entrada.
—Disculpe la molestia señora, solo he venido a traerle la ropa que le ha mandado el jefe —habló la mucama mientras irrumpía en la habitación para luego dejar sobre la cama aquellas prendas que traía en sus brazos.
«¿Qué fin tendría oponerme?, clara