Rosanne no dejaba de golpear la puerta.
Sus nudillos ardían, la piel le palpitaba, pero no se detenía. Cada golpe era una súplica desesperada, un intento por silenciar ese presentimiento oscuro que le oprimía el pecho. Sentía que algo terrible estaba a punto de suceder. Algo que no solo podía cambiar la noche… sino su destino entero.
Algo que podía arrastrarla de vuelta a su pasado.
—Abre… por favor, abre… —murmuraba entre dientes, con la respiración agitada.
Golpeó con más fuerza, hasta que la