—Mañana mismo, a la hora de salida, quiero que le robes la laptop a Rosanne Andrade.
La voz de Yara fue baja, perfectamente modulada, pero atravesada por una frialdad que erizaba la piel. No había ira en su tono, ni nerviosismo. Solo determinación. Sacó el sobre de su bolso con un gesto mecánico y lo dejó sobre la mesa, empujándolo apenas hacia el hombre que tenía enfrente.
Él lo tomó sin siquiera abrirlo. No necesitaba contar el dinero; el peso era suficiente garantía.
Para él, aquello no era m