Al día siguiente, después de un largo y agotador ensayo, Rachel fue la primera en salir del estudio. No fue casualidad.
Siempre procuraba adelantarse cuando sabía que él estaría allí. Sus pasos eran sigilosos, medidos, casi elegantes, como si no quisiera ser notada, aunque en el fondo sabía que cada movimiento suyo estaba diseñado para atraer miradas.
Sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de determinación y ansiedad, no la ansiedad del miedo, sino la del cazador que espera el momento exact