—Eso me alegra escuchar —susurró la terapeuta—. Si eso es lo que realmente quieres, Marianne, si tu corazón está listo para abrir esa puerta que cerraste con tantos candados, así puede ser. Pero debemos ser cautelosos. Por ahora, vamos poco a poco, paso a paso.
Daniel bajó la mirada, sus hombros antes erguidos, ahora caídos por el peso de la culpa.
La terapeuta continuó, clavando sus palabras en el alma de ambos:
—Ahora no solo se trata de que Marianne encuentre la fuerza para perdonar. También