Orson se incorporó de golpe, sobresaltado, como si despertara de una pesadilla demasiado real. El corazón le martillaba el pecho con violencia. Durante un segundo no entendió dónde estaba ni qué acababa de suceder. Luego la vio.
Jenny estaba frente a él.
Ella no hizo un escándalo. Su expresión era mucho peor que eso: una mezcla devastadora de dolor, vergüenza y decepción que le atravesó el alma como una cuchilla. Sus ojos brillaban, no por lágrimas, sino por una herida abierta que aún no sangrab