Cuando Carlos despertó, lo primero que sintió fue el peso del silencio. No era un silencio común, sino uno denso, aplastante, como si el mundo entero hubiera contenido la respiración mientras él dormía.
Tardó varios segundos en recordar dónde estaba. La luz blanca del hospital le lastimó los ojos y el olor penetrante a desinfectante le provocó náuseas.
Intentó incorporarse por reflejo, pero una debilidad brutal lo obligó a quedarse inmóvil, atrapado en su propio cuerpo.
Fue entonces cuando la pu