—¡¿Qué?! ¿Yo? —exclamó Yara, retrocediendo un paso, como si las palabras del médico acabaran de golpearla físicamente.
La madre de Carlos no le dio tiempo a reaccionar. Se lanzó hacia ella y la abrazó con fuerza, aferrándose a su cuerpo como si fuera el último salvavidas en medio de un naufragio.
—¡Yara, tú amas a mi hijo! —sollozó—. Vas a salvarlo… tienes que salvarlo.
Yara se quedó rígida entre sus brazos, con la mirada perdida, incapaz de responder de inmediato. Sentía el peso de todas las mi