Un año después, la vida de los Andrade parecía más sólida que nunca, como si el tiempo hubiera decidido recompensarlos por todo lo vivido. Zacarías y Camely estaban más unidos que nunca; su amor no solo se sentía, sino que se veía en cada gesto, en la forma en que se miraban, en la manera en que se entendían sin necesidad de palabras.
La empresa de los Andrade, que alguna vez había estado tambaleante, ahora crecía como la espuma, recuperando su prestigio y su valor, y superando, con esfuerzo y determinación, cada obstáculo que surgía en el camino. Cada día que pasaba, cada decisión tomada, era un paso más hacia la estabilidad que siempre habían soñado.
Mientras tanto, Orson trabajaba incansablemente al frente de su propia empresa, con Jenny a su lado.
Ella había creado una academia para bailarinas infantiles, un lugar lleno de risas, esfuerzo y sueños que comenzaban a tomar forma.
Marianne disfrutaba cada clase, cada movimiento, cada giro; el ballet era su pasión y su refugio, un talen