Hospital Central.
Daniel corría cargando en sus brazos el cuerpo inerte de Marianne.
Sus manos, usualmente firmes y seguras, temblaban de una forma que nunca había experimentado.
El miedo lo estaba asfixiando.
—¡Un médico! ¡Necesito ayuda ahora mismo! —rugió Daniel, su voz resonando en las paredes de la sala de urgencias.
Rápidamente, un equipo de enfermeras y un médico de guardia tomaron a Marianne, colocándola en una camilla.
Daniel no soltó su mano hasta que lo obligaron a detenerse en la pue