Avana sintió que el tiempo se congelaba, convirtiéndose en una sustancia densa y fría que le impedía respirar.
Desde lo alto de la escalera, sus ojos se abrieron con un horror absoluto al ver la figura de Karina retorciéndose en el suelo, rodeada de un silencio que pronto se transformaría en tormenta.
Con las manos temblando de forma incontrolable, Avana sacó su teléfono.
Sus dedos apenas respondían, pero logró marcar el número de emergencias.
—¡Una ambulancia! ¡Por favor, una ambulancia en la