Gala miró a la mujer que acababa de salir del baño con el cabello húmedo y los ojos llenos de sorpresa.
No podía creerlo.
—¿Qué haces aquí, maldita, obesa? —escupió con desprecio, clavando sus uñas en las sábanas—. Lárgate, ¿no lo notas? ¿Acaso crees que Zac iba a admitir una noche de bodas contigo? ¡Con una asquerosa gorda!
El silencio se volvió un eco punzante, hasta que un sonido seco lo rompió.
La mano de Camely impactó de lleno contra el rostro de Gala, haciéndola tambalear y caer de rodil