Zacarías dio un paso adelante y fijó la mirada en Gala.
Había cansancio en su expresión
—Gala —dijo con voz pausada, pero firme—. Aunque decidas disculparte y yo pueda perdonarte, eso no cambia nada. Ayer confesaste tus sentimientos hacia mí… y eso cruza un límite. Soy un hombre casado. Te pido, de la manera más respetuosa posible, que te alejes de mí y de mi vida privada.
El silencio se apoderó del comedor. Romina abrió los ojos con incredulidad, como si las palabras de su hijo fuesen un golpe