Las voces de los otros. Parte 2.
Me giré, sobresaltado. Wilder estaba a pocos pasos, y vi su cuerpo temblando, su mirada fija en el suelo, como si temiera mirar lo que yo tenía frente a mí. El lobo salvaje estaba cubierto de sudor, con sus ojos inyectados en sangre por el miedo.
—¿Qué haces, Wilder? — pregunté, sintiendo que la voz me salía forzada, como si estuviera despertando de un trance.
—¡Vámonos, Alfa! ¡Por favor, vámonos! — Wilder se acercó a mí, agarrándome por el brazo con una fuerza que no esperaba. Su agarre era de