El aullido del lobo que ha perdido.
Narra Vincent:
El murmullo no era un sonido que entrara por los oídos; era una vibración que se instalaba directamente en la base de mi cráneo, tirando de mí como un anzuelo invisible. Seguí aquel llamado a través de los túneles secundarios de la cueva, ignorando el cansancio, la razón y cualquier atisbo de precaución. Mis botas pisaban un suelo cada vez más pulido por el tiempo, hasta que la oscuridad de la roca comenzó a diluirse en una claridad grisácea y enfermiza.
Caminé durante horas, o a