Del luto a la esperanza.
Narra Camille:
El tacto de la seda y el tul contra mi piel, era una sensación tan extraña; tan lejana a todo lo que había conocido, que por un momento temí que fuera un sueño del que despertaría con el frío crujir de las piedras de mi antigua habitación en la casa Auclair.
Celeste, con una sonrisa radiante y los ojos brillantes de emoción, sostenía un alfiler entre sus labios mientras ajustaba con extrema delicadeza los pliegues de la falda.
—Un poco más aquí, mi señora, y quedará perfecto. — m