El triunfo de la falsa reina. Parte 2.
Me llevé las manos a la boca, soltando un grito ahogado que, estoy segura, sonó lo suficientemente genuino para cualquier oído inculto. Dejé que mis rodillas cedieran, cayendo al suelo de mármol con un estrépito calculado.
—¡No! — grité, mi voz rasgando el aire con la desesperación de una mujer que acaba de perderlo todo. — ¡No puede ser! ¡Razva, dime que mientes! ¡Dime que es una broma cruel! —
Comencé a sollozar en un llanto torrencial, exagerado, violento. Me golpeé el pecho, tirando de mi p