Dolor y promesa. Parte 2.
Narra Vincent:
El silencio volvió a instalarse en el vehículo, pero mi mente, lejos de calmarse, se sumergió en un delirio febril. Comencé a pensar exclusivamente en Camille. Visualizaba su rostro, sus ojos grises llenos de una antigua tristeza que ahora yo me encargaría de borrar a la fuerza. Comencé a fantasear con ella en la intimidad, imaginándola desnuda bajo mí, probando la suavidad de sus curvas, bebiendo de la plenitud de sus pechos. La mera idea hizo que un torrente de saliva se acumul