Anya perdió la cuenta de cuántos días habían pasado desde que llegó a ese lugar tan horrible. Ni siquiera había salido de la habitación desde su llegada y quería hablar con su hijo. Zair no pisó ese lugar desde su llegada, y ella por unos instantes pensaba que entraría por la puerta para decirle que la mataría. Caminó nuevamente hacia el balcón, se sentó en una de las sillas para tener algo de comodidad y llevó ambas manos a su vientre, sintiendo una pequeña presión.
—Sí está ahí. —Giró su cabe