DOMINIK
El ambiente comenzaba a enfriar un poco más a principios de octubre, pero sentía una ligera calidez, quizá porque sostenía la mano de mi prometida tras bajar del auto camino a la oficina.
Me daba cuenta de que para los que pasaban ya era normal vernos así, pero para mí seguía siendo como el primer día, como el curioso momento en que la conocí en ese club nocturno, ella toda borracha y pidiéndome sexo.
Se sentía como si tuviera miles de cositas brincando en mi estómago, con los nervios a