BLAIR
El corpiño tejido ceñido y la falda larga me hacía sentir como una Diosa, y el hombre a mi lado no se quedaba atrás.
—No veo la hora de quitarte ese vestido, cariño… me muero de ganas.
Sus palabras me hicieron sonrojar mientras caminábamos a la entrada del restaurante, y le pegué con mi monedero con todo el disimulo que pude.
—¡Eres un estúpido!, ¿solo sabes pensar en sexo?
Él soltó una leve carcajada y apretó mi mano.
—Claro que no, pero me gusta verte rabiar. Eres hermosa en todos los s